Una mujer nigeriana de 30 años, residente en Aragón, recuerda el miedo que sintió la primera vez que pensó en acudir al médico cuando se enteró de que estaba embarazada: "Fue pánico de mi gente. Allí todos nos conocemos, todos vamos a la misma iglesia, y las noticias vuelan rápido, rápido. Pensé en mi madre, en la cara que iba a poner. En Nigeria abortar es una vergüenza que arrastra a toda la familia". Durante semanas intentó aparentar normalidad, hizo "como si nada" e iba al trabajo, sonreía, respondía "todo bien" a quien preguntaba. Pero por
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