No es que la crisis de los 40 haya remitido, es que se ha empezado a ver algo que podríamos definir como la crisis de los 20. La infelicidad empieza ahora en alto, a edades muy tempranas, y tiende a disminuir a lo largo de la vida. Los autores no han preguntado por los motivos, pero apuntan a las consecuencias de la pandemia, a la crisis de la vivienda y, sobre todo, al uso masivo de teléfonos inteligentes. “En los países en desarrollo, sin embargo, vimos que quienes no tenían acceso a internet no mostraban una salud mental tan deficiente”
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