En los pastos de media Europa, millones de vacas, ovejas y cabras reciben tratamientos rutinarios contra los parásitos gastrointestinales, principalmente helmintos. Son los llamados anthelmínticos, una familia de fármacos que incluye sustancias como la ivermectina o el albendazol. Han sido, durante décadas, el método de control más eficaz frente a los parásitos helmintos que merman la salud y la productividad del ganado. Pero hay un problema del que apenas se habla: estos compuestos no se quedan solo en los animales. Una parte importante se elimina por las heces y la orina, pasa al suelo, al agua y acaba afectando a organismos que nada tienen que ver con los parásitos que se pretendían eliminar.
Cocinándose poco a poco, hemos llegado a esto en dos o tres décadas.