Una de las aspiraciones es que la IA nos haga más humanos al liberarnos de tareas repetitivas, mecánicas y de poco valor. Dicha aspiración es posible, pero su consecución no está garantizada. De hecho, si dejamos que la IA tome decisiones por nosotros en exceso, corremos el riesgo de atrofiar nuestras propias habilidades: el pensamiento crítico, la empatía, la creatividad, la comprensión lectora, la capacidad de escribir… Esto puede conducirnos no solo a una dependencia silenciosa, sino a la pérdida de habilidades que nos definen como humanos.
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