"Una cosa es llamar al diablo y otra verlo llegar. Cuando vimos esas explosiones y todo, ¡guao! Fue algo muy sorpresivo", me dice una mujer que pidió no ser identificada. Caracas vive aún una enorme conmoción por el operativo militar estadounidense que condujo a la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su traslado a Nueva York para someterlo a juicio por cargos de narcotráfico, entre otros. La mujer conversa conmigo mientras unos hombres vestidos completamente de negro y con armas largas merodean el lugar. Van y vienen.