La bajada de las temperaturas en invierno supone un desafío crítico para los propietarios de vehículos diésel equipados con tecnología de reducción de emisiones. El riesgo de que el AdBlue se solidifique dentro del depósito aumenta considerablemente con el frío, lo que obliga a extremar las precauciones y a utilizar aditivos específicos para evitar reparaciones costosas en el taller. El frío intenso compromete el funcionamiento de los motores diésel modernos equipados con el sistema de Reducción Catalítica Selectiva.
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A esa temperatura, es más problemático el diesel que el adblue.