Mientras otros dirigentes mundiales construyen sus discursos con frases largas, acumulan matices y se apoyan en datos y subordinadas, el presidente de EEUU ha consolidado con un estilo totalmente opuesto en la Casa Blanca: frases breves, vocabulario muy limitado, repeticiones constantes y una apelación emocional directa. Estamos ante un registro que, lejos de penalizarle, se ha convertido en una de las claves de su conexión con una parte del electorado estadounidense, aunque muchos se lleven las manos a la cabeza cada vez que abre la boca.
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