No te creo
en tu disfraz de almanaque,
de reloj sin segundero,
de flautista que pasea
una legión de ratones
por la bodega vacía
de un helado petrolero.
Tus palabras son astucias,
imposturas
de termitas que se dicen
la carcoma de los mares,
sacerdotisas vestales
intactas pero lascivas
que predican la pureza
a la vez que se nos muestran
desnudas en los altares.
No me creo tus mentiras,
me dan pena tus verdades.
Feindesland 2002