Existe un magnetismo particular en los autores que deciden que prefieren ser leídos por la masa antes que ser estudiados por la academia, aunque tengan el currículum necesario para lo segundo. Michael McDowell (Estados Unidos, 1950-1999) pertenecía a la estirpe de mentes privilegiadas que entendieron pronto que el miedo es el lenguaje más universal que existe, por encima de las pretensiones literarias que a veces asfixian la narrativa moderna
Lisa McDowell, de 31 años, había ido a comer con sus amigas y ordenó una hamburguesa McPollo. Una vez empezó a comer su hamburguesa, se percató de un chorro de mayonesa al lado del pan, pero cuando lo probó supo de inmediato que algo no andaba bien.