De las máquinas al aeropuerto. Curiosidades de la eSIM

Este año, he viajado a México para una feria internacional a la que iba mi empresa. Es la primera vez que cruzo el charco y ya me habían aconsejado los veteranos que activara una tarjeta eSIM para no llevarme un susto con el roaming. La verdad es que una pasada. Fue aterrizar y activarla, y dejar de buscar WiFi desesperadamente. En mi caso usé la Yesim app y pude disponer de datos instantáneamente. Esa experiencia tan sencilla es el resultado de una historia tecnológica bastante más larga y curiosa de lo que parece.

Buscando información sobre la eSIM, he encontrado que su origen no está en el turismo ni en el consumo, sino en las máquinas. Mucho antes de que alguien pensara en escanear un código QR en un aeropuerto, la industria andaba buscando una forma de conectar dispositivos sin depender de tarjetas físicas. Los sensores industriales, los contadores eléctricos o los sistemas de seguimiento de mercancías necesitaban conectividad estable, segura y, sobre todo, gestionable a distancia. Ahí nació la idea de una SIM soldada al dispositivo y programable por software.

El estándar de la eSIM fue impulsado por la GSMA, la misma asociación que lleva décadas marcando las reglas del juego de la telefonía móvil. Una de las curiosidades es que durante años fue una tecnología prácticamente invisible para el usuario final. Funcionaba en segundo plano, integrada en sistemas que nadie veía, mientras el gran público seguía discutiendo si era mejor la microSIM o la nanoSIM. Aquella carrera por hacer la tarjeta cada vez más pequeña acabó siendo, en perspectiva, una especie de prólogo innecesario.

La eSIM se convierte en conocida para el publico en general cuando llega a los relojes inteligentes. De pronto, un reloj podía tener datos móviles sin necesidad de ranura alguna. Muchos se preguntaron para qué servía eso, pero la clave no era el reloj, sino la prueba de que la conectividad podía independizarse del objeto físico. Poco después, algunos móviles de gama alta empezaron a incluir soporte para eSIM, primero como complemento y luego, en ciertos mercados, como única opción.

Parece ser que los primeros debates sobre eSIM en foros estaban llenos de desconfianza. Había quien pensaba que las operadoras usarían la tecnología para atar aún más a los clientes, cuando en realidad ocurre lo contrario. De hecho, se comentó en Menéame. Cambiar de operador puede ser tan fácil como borrar un perfil y descargar otro nuevo. En algunos países, esta facilidad ha generado auténticos quebraderos de cabeza a las compañías, que ya no pueden confiar en la inercia del usuario.

Ahora vuelven a estar en la conversación pública con el tema de las balizas conectadas. Muchas de estas balizas usan sistemas de «multi-IMSI» o «multi-perfil», lo que significa que pueden tener acceso a varias redes móviles y seleccionar automáticamente la que mejor funcione en cada momento. Si una red cae o tiene mala cobertura, la baliza puede saltar a otra sin dejar de emitir datos. Esto es clave en usos críticos, como emergencias, seguimiento o señalización.

En lugar de contratar una línea con una operadora tradicional, los fabricantes suelen trabajar con proveedores globales de conectividad IoT. Estos proveedores agregan múltiples operadores bajo una sola gestión y ofrecen cobertura internacional continua. Para la baliza da igual estar en España, Francia o Marruecos: se conecta a la red que mejor responda, sin cambiar nada físicamente.

También se está usando en cuerpos humanos, no como implante de comunicación al estilo ciencia ficción, sino integrada en prótesis avanzadas y dispositivos médicos implantables. Marcapasos, bombas de insulina o sensores internos podrían usar eSIM para transmitir datos médicos en tiempo real sin depender de equipos externos, con conectividad gestionada a distancia y sin intervenciones quirúrgicas para cambiar nada. Aunque no me extrañaría que más pronto que tarde acabemos llevando más conectividad dentro del cuerpo que en el bolsillo.