Incapaz de romper y transcender el marco castrador y establecido de antemano por las guerras culturales, que nos quieren vender un estado de ánimo -el derrotismo y el conformismo- y una revancha -la del patriarcado y las élites-, la izquierda ha caído de lleno en su trampa y a duras penas puede esquivar los golpes, distraída en despejar los balones que le llegan de todos lados que la han convertido en una izquierda triste, inane, incapaz de ilusionar y de trasmitir a la opinión pública las pequeñas y las grandes victorias alcanzadas...