Durante siglos hemos imaginado la antigua Olimpia, la cuna de los Juegos Olímpicos, como un valle seco y polvoriento, con sus templos y estadios anclados en un paisaje terrestre dominado por los ríos Alfeo y Cladeo. Sin embargo, una investigación publicada en la revista Quaternary Environments and Humans desmonta esta imagen por completo. Un equipo internacional de geógrafos, geocientíficos y arqueólogos ha desenterrado pruebas contundentes de que un extenso lago, bautizado como el Lago de Olimpia, existió en las inmediaciones del santuario.
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