En la narrativa política dominante, España y Estados Unidos aparecen como aliados naturales. Dos democracias occidentales que comparten valores, intereses y cooperación militar dentro de la arquitectura atlántica. Sin embargo, cuando uno abandona el discurso oficial y observa la historia con cierta distancia crítica, la imagen cambia de forma radical. La relación entre ambos países no ha sido la de dos aliados iguales, sino la de una potencia imperial y un país subordinado a sus intereses estratégicos.