Tal vez la gente se burle de cómo elijo transportar a mi mascota, pero cambió su vida y me hizo mejor persona. Lo admito: soy de las personas que llevan a su perro en cochecito. También soy lo suficientemente consciente como para saber cuán ridículas nos vemos. Me fijo en las miradas de reojo cuando empujo a mi shih tzu, Darla, por la calle. Percibo a las madres que van con sus cochecitos de bebé y me miran como diciendo “¿es un chiste?”, y a los que sonríen con sorna y suponen que debo de ser una especie de villana de dibujos animados...