"Era un personaje tierno, vulnerable, controvertido y maniático, y también un torero esencialmente artista. Ha muerto un artista con ramalazos de genio. Una leyenda del toreo, poseída de una llamativa irregularidad, capaz de alcanzar las más altas cotas de la sensibilidad artística y hundirse después en los infiernos de las espantás más ruidosas. Ha muerto Rafael Soto Moreno, reconducido a torero por imposición del destino. Y lo fue para protagonizar algunos de los momentos más brillantes de la tauromaquia del siglo XX".