La obsesión con los precios del petróleo, como el Brent y el West Texas Intermediate, es la mayor distracción de nuestro tiempo. El mercado de futuros del petróleo crudo, fácilmente manipulable, y los negocios turbios que allí se desarrollan, desvían la atención de la crisis mucho más importante que asoma su fea cabeza: una escasez real y física de diversos combustibles.