Empieza paulatinamente. Una pareja con un bebé o dos instalan una caravana en un pedazo de tierra aislada. A menudo, les acompañan adolescentes voluntarios. Con cualquier infraestructura improvisada, o simples tiendas de campaña, construyen lo que va a ser su casa. Tiene vistas al territorio que prevén conquistar, a la patria que creen que Dios les ha dado. Pero la realidad actual, que no bíblica, es que esa tierra es palestina. Su presencia allí es ilegal no sólo de acuerdo al derecho internacional, sino también a la ley de su país, Israel.