Clélia Verdier, de 19 años, conserva recuerdos muy vívidos del nacimiento de sus trillizas. Recuerda el dolor insoportable del parto, la alegría de tener a sus hijas en brazos por primera vez y la profunda tristeza cuando una de ellas falleció poco después. ¿El único inconveniente? Nunca estuvo embarazada, nunca dio a luz y nunca fue madre. En realidad, estuvo en coma inducido en un hospital por tres semanas, y despertó creyendo que había criado hijos durante 7 años en una vida alternativa. Tuvo que recibir terapia para lidiar con el duelo.
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