El pasado octubre hubo elecciones en Países Bajos. Contra todo pronóstico perdió la extrema derecha y entre las causas de su derrota me provocó una sonrisa esperanzadora el que todos los analistas coincidieran en que la razón de esta derrota fuese que los holandeses están "hartos del odio". El partido ganador (moderado) enmarcó su inesperada victoria como un "adiós a las políticas del odio".
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