“Uno de los interrogadores de mayor rango había dado instrucciones de que, como yo era un cirujano consultor de alto nivel, debían trabajar arduamente para asegurarse de que perdiera [el uso de mis manos] y fuera incapaz de realizar cirugías”, afirma. Estuvo esposado las 24 horas del día y los interrogadores usaban tablas con cadenas para sujetarle las manos durante horas. "Dijeron que querían asegurarse de que nunca pudiera volver al trabajo".
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