Touma lleva días sin comer. Permanece sentada en silencio, con los ojos vidriosos, mientras mira sin rumbo a la sala del hospital. En sus brazos, inmóvil y gravemente desnutrida, yace su hija de tres años, Masajed. Touma parece insensible al llanto de los otros niños pequeños que la rodean. "Ojalá llorara", nos dice la madre de 25 años, mirando a su hija. "Lleva días sin llorar".
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