La proclamación de la RASD no fue un acto burocrático o simbólico; fue una declaración de soberanía en condiciones de resistencia. Cientos de miles de saharauis se vieron forzades a abandonar sus hogares ante la entrada de fuerzas marroquíes apoyadas por potencias europeas. En cuestión de días, ciudades completas quedaron vacías, familias quedaron divididas y la esperanza de una vida propia fue marchitada por la lógica brutal de los intereses imperialistas y neocoloniales.
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