Yo soy quien espía los juegos de los niños

Estaba en el parvulario, no tendría más de 4 o 5 años. Corrió el rumor por el patio… creo que era un tal Santi. Debería ser el primer año, creo que era de lo mayores. No recuerdo que fuera a mi clase, pero no recuerdo muchas caras y nombres.

Así se dividía el parvulario: mayores y peques. Son un par de años, o apenas tres, los que se pasan por allí. Total, que corrió el rumor de que el tal Santi, una chaval por lo general sonriente, le había enseñado el colgajo a algunas niñas. Ni idea de a quienes, claro.

Algunas jugaban en el rincón más apartado del patio, que daba a la otra calle a los doctores y nunca parece que hubiera mucho problema. Algunos hacían como que se acercaban disimuladamente para echar un vistazo o haciendo que se tapaban los ojos. Yo nunca quise disimular mucho y tampoco parece que me quisieran en su muy selecto club.

La cuestión es que las profesoras (no recuerdo un solo maestro, más allá del “señor Muñoz, que nos traía los picatostes para aquella espesa sopa de verdura) cogieron al tal Santi y reunieron a todo el parvulario en el patio. Fue lo más parecido a una ejecución pública que he vivido, de momento.

Sentaron a todos los críos en el patio, una pequeña multitud. Seríamos, no sé, quizás 40 o 60, más las profes. O tal vez la mitad o el doble, no recuerdo bien, nos reunieron a todos. Sacaron no sé si una silla o una mesa. Debió ser una mesa porque se le veía bastante por encima de las cabezas. Hasta los pies, diría.

Dieron una sucinta explicación de lo sucedido, o algo así… y acto seguido procedieron a bajarle los pantalones y calzoncillos delante de todo el parvulario, hasta los tobillos. Luego le dieron la vuelta con los pantalones a esa altura. Santi no reía mucho en ese momento, no. El chaval lloraba, claro. No sé que fue de él.

El club de doctoras supongo que siguió con sus actividades, en las que nunca me involucré, sin mayor incidencia. Desde luego ninguna tan pública y reseñable como la mencionada. Correría el año 85.

El otro día me preguntaba cuando se empezaron a torcer las cosas y eso presupone que en algún momento hubieran estado “rectas”. Correctas. No parece en realidad el caso. Ya no existe aquel viejo parvulario, lo derribaron hace muchos años. Las profesoras estarán muerta o jubiladas. Pero a mí jamás se me ha olvidado aquel día.

Espero que no fuera que en realidad el pobre Santi se negara a jugar a los doctores, clubs tan selectos suelen mostrarse muy orgullosos ante el rechazo a sus invitaciones. Y eso era el día a día a mediados de los 80. Lo del feminismo vino mucho después del instituto en realidad. Hay gente que es muy de sus amigos, “con razón o sin ella”, dicen. Yo no soy tan de amigos.

Más bien, como decía Jorge de Ilegales, fallecido el pasado diciembre, “yo soy quien espía los juegos de los niños”.