La evolución al alza de la dependencia que España tiene de EE.UU. para abastecerse de petróleo también se produce con el gas, la otra energía que Trump quiere controlar. La mitad del gas licuado que entra a España procede de EE.UU. Europa ha abierto la puerta a elevar las compras, pero no en los niveles que reclama Trump. Las autoridades comunitarias le han recordado que quien compra no son los estados sino las compañías y que ahí el margen de decisión no depende de los dirigentes.