En la nochebuena del 24 al 25 de diciembre de 1492, habiéndose retirado Colón a dormir dejando de guardia a Juan de la Cosa, que a su vez delegó en un grumete, la nao Santa María sufrió un grave percance al tocar en unos bajos en la desembocadura del río Yaqui, en la costa norte, en la actual República de Haití. Periódicamente salta a los medios de comunicación la noticia de que se están buscando -o se han encontrado- los restos del barco, cosa imposible porque se usaron para construir el fuerte La Navidad.
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E fizo hacer un castillo cuadrado, a manera de palenque, con la madera de la carabela capitana o Gallega (que es dicho que tocó al entrar del puerto), e con fajina e tierra, lo mejor que se pudo fabricar, en la costa, a par del puerto e arracifes dél, en un arenal.
Ese grumete no sería uno que jamás tuvo nombre de pila.
Que desde que recordaba —y su memoria se limitaba a bosques, riscos, soledad
y cabras montaraces— nadie le conoció más que por el apelativo de Cienfuegos,
sin que nunca llegara a saber con certeza si tal denominación se debía al apellido
de su madre o al color de su cabello?