El motivo está en cómo se fabrica y se configura un avión comercial. Los grandes fabricantes, como Boeing o Airbus, construyen el fuselaje —la estructura exterior del avión— con las ventanas distribuidas a intervalos fijos. Pero cuando la aeronave llega a manos de una aerolínea, el interior está completamente vacío: sin asientos, sin alfombra y sin separación entre clases. Es la compañía aérea la que decide cómo organizar el espacio interior.
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Afortunadamente, existen herramientas para evitarlo. Por ejemplo, sitios como SeatGuru permiten ver el mapa real de asientos de cada vuelo, indicando cuáles tienen vista y cuáles no. Consultarlo antes de pagar puede ahorrarte una sorpresa desagradable y, de paso, unos euros mal invertido
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