El curling molesta soberanamente a los científicos. En apariencia, es un ejercicio sencillo en el que se deslizan unas rocas de granito sobre una superficie helada, pero su funcionamiento, que también debería ser de fácil comprensión, no encaja en los razonamientos empíricos: los discos de curling se desplazan hacia el lado opuesto al que deberían. Todos los objetos, al rotarlos, se mecen al lado opuesto del giro pero los discos de curling no.
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