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El joven Bobby Fischer, enfrentado a los organizadores de torneos, a los mecenas, a los soviéticos... a su propia madre
«Fischer llegó a Gran Maestro casi exclusivamente por sus propios medios, gracias a su obsesión por los libros, que tenían que prestarle porque no tenía dinero. Sin haber cumplido 20, ya se había enfrentado al establishment ajedrecístico, a los organizadores de torneos, a los mecenas, a los soviéticos, a su propia madre. Era él contra todos; no toleraba que nadie le dijese qué tenía que hacer. En otros ámbitos sus opiniones resultaban discutibles y, a veces, escandalosas. Por ejemplo, consideraba a las mujeres ineptas para el ajedrez»
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