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Las virtudes de un buen portero y un buen escultor son las mismas
Antes de convertirse en uno de los artistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX, Eduardo Chillida fue guardameta del equipo de su alma, la Real Sociedad. Con 19 años y tras 14 partidos como profesional una lesión de rodilla lo empujó a la creación, aunque él siempre reseñó las confluencias e intersecciones que deporte y arte tenían
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