Este pequeño hábito autodestructivo es una forma que tiene el cerebro de evitar daños mayores, ya que prefiere lidiar con daños controlados y conocidos que con la incertidumbre. “Nuestro cerebro es una máquina de supervivencia. No está programado para optimizar nuestra felicidad y bienestar, sino para mantenernos con vida”. Explica el doctor en psicología clínica Charlie Heriot-Maitland. “Por ello necesita que vivamos en un mundo predecible. No le gustan las sorpresas. No quiere que nos pillen desprevenidos”, explica.