Sin embargo, pasar más de 20 años en un crucero sin pisar casi tierra firme tiene sus consecuencias, pues a lo largo de estos años ha ido desarrollando el síndrome conocido como mal de desembarque. Se trata de un trastorno neurológico poco común que provoca una sensación persistente de balanceo, oscilación o movimiento después de haber estado expuesto a un entorno con movimiento constante, como un crucero, un avión, un tren o incluso largos viajes en automóvil.
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