Diez heurísticas personales para no perderse en el debate online

Efectivamente, has notado que el titular adopta deliberadamente un formato llamativo ( llámalo "clickbait" ), pero la intención del texto es más bien la contraria: reducir ruido, no aumentarlo.

Constantemente veo en los debates online el mismo patrón:

  • Aparece un problema.
  • El debate se desplaza rápidamente hacia insultos, simplificaciones y lealtades de bando.
  • Las soluciones se reducen a eslóganes de pocas palabras.
  • Se cruzan acusaciones, intentos de humillación y disputas sobre quién pertenece realmente a cada grupo.
  • Quienes dicen no tener bando a menudo presentan su propia posición como “sentido común” incuestionable.
  • Y siempre aparece alguna solución simple que supuestamente sirve para todo.

El resultado suele ser el mismo: confusión, frustración, animadversión y la sensación de haber perdido el tiempo.

Y muchas veces yo mismo caigo en ese mismo patrón. A mí me cansa.

Me gustaría encontrar espacios donde aprender algo, no salir más deprimido que antes.

Esta propuesta no es una teoría psicológica o política ni su idea es sentar cátedra sobre nada.

Solo un recordatorio práctico que intento aplicarme a mí mismo para intentar no acabar con esa sensación de haber perdido el tiempo.

Por eso prefiero plantearlo como algo personal: un conjunto de heurísticas para no caer en debates estériles y aumentar, aunque sea un poco, la probabilidad de que una conversación online me aporte algo útil.

No convertir mis ideas en identidad (regla previa).

Antes de entrar en cualquier debate, intento recordar que las ideas son herramientas para comprender la realidad, no rasgos que definan quién soy.

Cuando una idea se vuelve parte de mi identidad, cualquier crítica empieza a sentirse como un ataque personal, aunque no lo sea.

En ese momento mi racionalidad se debilita y paso a defender no las ideas en si, pero mi propia identidad, que se basa en que sean siempre ciertas. Esto favorece que me mienta a mi mismo como mecanismo de defensa.

Mantener cierta distancia entre lo que pienso y lo que soy no garantiza tener razón, pero sí hace posible escuchar, rectificar y aprender sin sentir que me rompo por dentro.

Lo mismo sucede con equipos de fútbol, marcas, empresas, lenguajes de programación, sistemas operativos y un largo etcétera. Eso no signfica que no tenga identidad, si no que mi identidad tiene principios más profundos que "ser liberal libertario", "ser Vimero", "ser Debianita" o "ser del Matalascañas"

Diez heurísticas personales

1. La dignidad humana es el límite previo a toda discusión.

Ninguna propuesta es aceptable si vulnera derechos fundamentales.

Ejemplo: no es legítimo defender torturas, deportaciones indiscriminadas o negar atención médica básica aunque se presente como “solución eficaz”.

2. Las personas no son medios para una causa.

El debate pierde legitimidad cuando instrumentaliza a individuos o colectivos.

Ejemplo: usar a víctimas concretas solo como propaganda política en lugar de buscar soluciones reales al problema que sufrieron.

3. Ninguna identidad define por completo a una persona.

Reducir al otro a una etiqueta impide comprender la realidad.

Ejemplo: asumir que alguien piensa de cierta manera solo por ser religioso, inmigrante, empresario, funcionario o votante de un partido.

4. La lealtad al grupo no está por encima de la verdad.

El tribalismo degrada el pensamiento y bloquea soluciones reales.

Ejemplo: justificar un caso de corrupción o abuso simplemente porque lo cometió alguien de “tu” grupo.

5. La realidad no se divide en buenos y malos absolutos.

La simplificación moral extrema impide analizar los problemas con rigor.

Rechazar el maniqueísmo no significa que todas las posiciones sean equivalentes. Tampoco implica que se deba recurrir a una falsa equidistancia en la que "el punto medio" sea considerado el que contiene la idea más apropiada.

Ejemplo: explicar un conflicto complejo diciendo solo que un grupo es malvado y el otro inocente, ni que ambos sean iguales, sin atender a causas económicas, históricas o institucionales.

6. Rechazar la simplificación no implica relativismo.

Existen límites éticos que no admiten negociación.

Ejemplo: comprender las razones de una conducta injusta no la convierte en aceptable ni elimina la responsabilidad de quien la comete.

7. Los problemas sociales son complejos.

Las “soluciones mágicas” suelen ser falsas promesas.

Ejemplo: afirmar que un único cambio legal o económico resolverá por completo cuestiones como la pobreza, la inmigración o la inseguridad.

8. El desacuerdo razonado es necesario.

Sin pluralismo ni crítica mutua no hay corrección de errores.

Ejemplo: permitir debates reales en lugar de excluir automáticamente a quien discrepa de la posición dominante del grupo.

9. Toda posición debe poder revisarse.

La política sana exige autocrítica y disposición a cambiar de opinión.

Ejemplo: reconocer que una política pública defendida durante años no funcionó y necesita modificarse o abandonarse.

10. El fin del debate online es mejorar la convivencia y la comprensión.

“Ganar” un debate no debería significar imponer las propias ideas, sino aprender algo nuevo, incorporar un punto de vista distinto o descubrir algo que antes no se tenía en cuenta.

Ejemplo: detectar un fallo en la argumentación contraria ( una falacia, una incoherencia ) y utilizarlo solo para "humillar" al otro y proclamarse vencedor de la discusión. En realidad no se ha ganado nada: no hay comprensión nueva ni crecimiento personal, solo un breve masaje al ego.

Estas heurísticas no resolverán por sí solas los conflictos políticos. No son soluciones políticas, ni pretenden tener la última palabra.

Solo intentan evitar que la conversación empeore el problema y recordar que debatir debería servir para comprender mejor, no para odiar más.

Si el titular utilizaba un formato llamativo para atraer la atención, el objetivo del texto es justamente el contrario: reducir un poco el ruido.

Y quizá ayude a no deteriorar demasiado la experiencia personal del debate online.