Tras sortear con éxito los sistemas de defensa aérea estadounidenses y aliados, organizados en varias capas, para atacar una base militar estadounidense fuertemente fortificada en Kuwait, la operación constituyó una humillación profunda para el Pentágono y una impresionante validación de las capacidades de ingeniería aeroespacial autóctonas de Irán. Mientras la atención mundial se centraba en los bombardeos con misiles y los enjambres de drones durante los primeros días del conflicto, esta hazaña militar pasó prácticamente desapercibida.