La idea de llevar un ordenador en la muñeca no surgió de la noche a la mañana, ni comenzó con pantallas táctiles brillantes y tiendas de aplicaciones. Desde finales de la década de 1970 hasta la década de 1990, los relojeros y las empresas de electrónica experimentaron discretamente con la posibilidad de integrar funciones de cálculo, almacenamiento, comunicación e incluso entretenimiento en dispositivos lo suficientemente pequeños como para llevarlos en el brazo.