El discurso político se ha vuelto cada vez más populista e ideologizado, ocultando los costes reales de las decisiones: subida de precios, debilitamiento de servicios públicos y pérdida de calidad de vida. Se prioriza el consumo privado y la desregulación mientras se infrafinancian sanidad, educación, seguridad y protección infantil. Esto reduce la cohesión social y empobrece a largo plazo incluso a quienes apoyan estas políticas. El giro conservador iniciado con Reagan marcó el inicio de esta trayectoria de desigualdad creciente