Los ginecólogos de Laura le dieron un diagnóstico devastador a los ocho meses de embarazo: su hijo no iba a poder realizar funciones básicas como respirar o tragar. Los médicos le recomendaron interrumpir el embarazo pero le advirtieron de que, con un embarazo tan avanzado, su caso tenía pocas opciones de ser aprobado por el comité clínico de Madrid y le aconsejaron acudir a Cataluña.