El portugués Guilherme Peixoto, de 52 años, es un apasionado tanto de Dios como de la música electrónica, dos vocaciones que este cura ha aprendido a combinar con suma destreza. Antes de su espectáculo del domingo en Beirut, con todas las entradas agotadas, Peixoto celebró una misa en la Universidad Católica del Líbano y pronunció una bendición al comienzo de su concierto de esa noche. Su espectáculo no sólo se enriquece con humo y luces estroboscópicas, sino también con elementos visuales religiosos, como una paloma blanca -símbolo del.