Los Ojos del Guadiana son, en teoría, el nacimiento de unos de los ríos más importantes de la Península. Pero la visita no puede ser más decepcionante. Donde debería aflorar el agua por el enorme acuífero del subsuelo de La Mancha, hay un pívot para regar alfalfa y un enorme cartel junto a la carretera que advierte: “Propiedad 100% de SAT Evangelista. Propiedad particular. Prohibido el paso”.
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