Dicen que llegó a meterse entre 6 y 8 gramos de cocaína en menos de dos horas. Como otros kamikazes sin oficio ni beneficio, Jiménez sobrevivía a base de humillaciones y retos virales en los que una audiencia de curiosos paga por ver cómo un pobre tipo se emborracha hasta la muerte, se atiborra de somníferos intentando no dormirse, se masturba en público o se pone a cagar en la calle.