Solo hicieron falta unos meses del segundo mandato del presidente Donald Trump para que los empleados de Palantir pusieran en duda el compromiso de su empresa con las libertades civiles. El otoño pasado, cuando Palantir parecía haberse convertido en la columna vertebral tecnológica de la maquinaria de control migratorio de Trump —proporcionando software para identificar, rastrear y ayudar a deportar a inmigrantes en nombre del Departamento de Seguridad Nacional—, los empleados actuales y antiguos comenzaron a dar la voz de alarma.
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Sólo hay algo bueno de Palantir, y es que está claro que quienes la hacen funcionar no son los lápices más afilados del estuche...