Los pulpos, animales solitarios y esquivos, guardaban todavía un secreto sobre cómo se reproducen que la ciencia acaba de desvelar con gran detalle: los machos son capaces de localizar y fecundar a una hembra sin verla, guiándose únicamente por señales químicas que detecta un brazo especializado. Este apéndice, lejos de ser un simple tubo para transferir esperma, actúa como un sofisticado sensor que «degusta» el entorno y reconoce a la pareja adecuada. doce científicos de Estados Unidos, Japón y Suecia y publicada en la revista Science,