Una pequeña reflexión política...

Como dice Aldous Huxley (EDIT: fallón mío, Antony Burgess) en su novela La naranja mecánica, y en concreto en ese último capítulo que fue eliminado tanto de la edición estadounidense como de la adaptación cinematográfica de Kubrick, este mensaje puede aceptarse o puede escupirse como una pepita. (De naranja, se sobreentiende...)

Pero vayamos al tema. Qué curioso que el establishment nos haya repetido durante años que todo lo que señalaba el feminismo sobre las estructuras sociales era una invención. Que no era real. Que, en el fondo, había biología, instinto. Y que, además, no tenía nada que ver con el sexo o el género asignado.

Ahora vemos que, si se deja circular libremente un servicio capaz de generar desnudos cosificadores en una red social, la abrumadora mayoría de las peticiones acaban siendo precisamente las sistémicas: son hombres quienes solicitan imágenes de mujeres. Eso no es una opinión. Son datos.

También comprobamos cómo quienes han corrompido a menores no pertenecían al colectivo LQTBiQa+, como se ha querido insinuar tantas veces, sino que se encontraban en lo más alto del sistema. Qué sorpresa. El mismo sistema diseñado y estructurado para mantener privilegios, usando el principo Gloebbeliano de transposición y echando mierda hacia fuera.

¿Necesitamos realmente más pruebas de que el orden social está mal planteado y de que urge transformarlo?