Horacio popularizó esta cita, que viene a decir: «Odio al vulgo ignorante y lo mantengo alejado». En otras palabras, las élites quieren para sí lo que no quieren para el vulgo.
Me he encontrado por casualidad con esta noticia:
www.theregister.com/2026/02/09/matrix_element_secure_chat/
En ella se explica el auge del protocolo Matrix en países de la Unión Europea que buscan la llamada «soberanía digital», es decir, romper con la dependencia tecnológica de Estados Unidos.
Para quien no lo sepa, Matrix es un protocolo descentralizado y seguro que permite comunicaciones cifradas de extremo a extremo. Al ser descentralizado, queda fuera de las garras de Estados y empresas que quieran vigilar a sus usuarios. Basta con leer su manifiesto:
- Las personas deberían tener control total sobre su propia comunicación.
- La gente no debería estar encerrada en silos de comunicación centralizados, sino ser libre de elegir quién aloja su comunicación sin limitar a quién pueden contactar.
- La capacidad de conversar de forma segura y privada es un derecho humano básico.
- La comunicación debería estar disponible para todos como una red gratuita, abierta, sin restricciones, estándar y global.
¿Cómo se explica entonces que ChatControl vaya ya por su tercera propuesta?
¿Cómo se entiende que, tras haber sido retirada en dos ocasiones, se siga insistiendo en controlar todo lo que decimos en Internet?
¿Alguien puede explicar cómo, mientras los gobiernos usan redes descentralizadas y cifradas, imponen al mismo tiempo verificaciones de edad y sistemas de vigilancia masiva?
¿Es esta cacareada soberanía digital un intento de trasvasar metadatos desde empresas privadas hacia Estados cada vez más autoritarios?
Como bien decía Lope de Vega en Fuenteovejuna:
—¿Qué leyes hay para el Comendador?
—¿No soy yo vuestro señor?
