Un británico compró un Fisker Ocean por más de 70.000 euros y lleva un año sin poder usarlo porque el coche no arranca. No es un fallo mecánico: la marca quebró en 2024 y sus servidores dejaron de funcionar, bloqueando funciones esenciales ligadas al software y a suscripciones. Sin actualizaciones ni validación remota, algunos vehículos quedaron inutilizados pese a estar en perfecto estado. El caso evidencia la dependencia extrema de los coches modernos del software y de servicios online, incluso de terceras empresas que pueden cerrar.
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