Llevo casi treinta años trabajando con tecnología y he tenido el privilegio —o la desgracia, según se mire— de vivir en primera fila las tres grandes revoluciones tecnológicas de nuestra era. Internet, el smartphone y ahora la inteligencia artificial. Y la verdad es que, después de la tercera, ya puedo confirmar algo que sospechaba desde la segunda: el guion es siempre el mismo. Exactamente el mismo. Cambian los actores, cambian los cacharros, pero la obra no varía ni una coma.