Ingredientes: 650 grs. de yogurt natural, 100 ml. de leche, 125 grs. de miel, 65 grs. de azúcar morena (puede ser blanca, pero no es lo mismo), 50 grs. de cacao en polvo sin azúcar, 25 grs. de chocolate amargo (del de 90% para arriba), Esencia de vainilla, una cucharadita (opcional, pero ayuda, porque la vainilla de verdad vale un Congo.)
Elaboración:
1.- Calentar al baño María la leche, la miel, el cacao, el chocolate rallado y el azúcar.
2.- Una vez disuelto, dejar enfriar, agregar la esencia (o no, si no se va a usar, obvio).
3.- En un recipiente aparte, batir el yogur e ir agregando lentamente la mezcla anterior hasta que quede perfectamente homogénea. Esta parte es importante, lo de la homogeneidad.
4.- Pasar la mezcla a un recipiente metálico, taparlo y congelarlo hasta que tome consistencia. Depende del congelador pero mínimo una hora. Teniendo en cuenta que hay que interrumpir el proceso de congelación varias veces, removiendo con una batidora o un tenedor (yo lo hago con tenedor) tratando que se formen cristales cada vez mas pequeños.
Este helado me gusta mucho acompañarlo con un salsa de naranja.
Para dicha salsa. Colocar 1 taza de zumo de naranja y su cáscara (la parte naranja, evitar la parte blanca) en una cacerola, reducir durante cinco minutos MUY aproximadamente. Retirar del fuego y agregar 1/2 taza de Grand Manier (no poner el licor si hay niños en casa, obvio.)
Servir bien frío. Para mí es un lujo esta receta casera que además es una adaptación de una receta más austera (pobre, eran otros tiempos) de mi tía. Un capricho para el paladar.
Y por qué? Esto era una actividad de cuando era guaja. Siempre andaba siguiendo a mi güela, a veces hacia este queso y yo la ayudaba (como a muchas otras cosas)
Hay que decir que siempre fui marinero y me tocó ser capitán, tuve que tirar de memoria muchísimo y asegurar en Internet las lagunas (para sorpresa no eran tantas)
Pienso que honrar a los muertos es amar su recuerdo, de algo que podía ser tristeza o melancolía nace una alegría.

Os digo las cantidades que yo usé, pero podéis hacer más si queréis (menos no tiene mucho sentido, os quedaría un quesín de muestra)
2 litros de leche, usé pasteurizada. Se puede usar leche fresca, cambia un poco el proceso y la gincana de encontrarla.
A gusto del cocinero, k1 ye k1...

Una cucharada sopera de cuajo por cada litro de leche (En este caso, dos cucharadas)
Y diréis: y donde consigo el cuajo? En la farmacia.

Esa mezcla se queda un día al amor de la lumbre. Es decir cerca de una fuente de calor o en un sitio cálido.

Preparar trapín de algodón, es bien ponerlo en un escurridor mejor que en un bol.

La cosa después de 24 horas tiene que quedar con esta textura, tipo yogurt.

Yyy al trapín. Luego se hace un atillo. Para comodidad un truqui, cerrad el asunto con una goma elástica. Y es más fácil luego atar una cuerda.

Es importante para este queso que se quede ahorcao. Y más importante aún si no os queréis cargar el suelo, poner un balde para que recoja el suero.
Esto lleva un día o dos.

Por problemas técnicos externos que no vienen a cuento, tuve que cambiar el trapín. Y ya que estaba lo pasé a uno de lino que es más poroso.

Y este es el segundo día de escurrido.

Tercer día y esto es lo que tenemos, se fue casi todo el líquido y está todo más solidote.

Llegados a este punto, se echa sal y los arandanos. Amasar con cuidado y dejar colgando otro día más.

Y cuando por fin sea un mazacote sólido, se pone en un platín. Se le echa una pizca de sal por encima y a la nevera. Tres días mínimo.
Cuantos más días este mejor, una semana empieza a endurecerse el exterior, dos empieza a endurecerse todo el queso.
No deja de ser esto el proceso de hacer afuega'l pitu. Sin nada o con pimentón, pero este al llevar arandanos es mejor no dejarlo sólido, mejor blandito.
Hace un par de meses que quiero aprender a hacer pasta fresca y hoy, el día más inoportuno, me puse a ello.
La pasta:

300 gramos de harina y una cucharadina de sal.(Normalmente este paso se suele hacer directamente en la mesa directamente. Pero yo últimamente prefiero empezar en un bol grandote y ya luego sigo en la mesa)

Tres huevos.

Batir con un tenedor y cuando esté el huevo líquido mezclar con la harina.

Y cuando esté mezclado, pasar a la mesa y amasar unos 15 minutos (ánimo!)
Una cosa que suelo hacer con las recetas de masa y como truqui. Si queda muy pegajosa no hay problema, más harina. Pero si quedan muy quebradizas es más difícil. Yo no añado agua, tengo un bol con agua al lado y me mojo las manos y amaso. Así vas hidratando pero muchismo más controlado.

Cuando tenga esta pinta ya estaría. Tiene que quedar elástico, que aprietes con el dedo y vuelva a su forma.
Una vez esté, meterlo en bolsa zip o film y tiene que estar mínimo 30 mins en la nevera.
La salsa:

Poner a remojo las setas (en caso de que estén deshidratadas como es el caso)

Sofreír dos dientes de ajo.

Media cebolla.

Cuando esté un poco blandina la cebolla, una ramina de tomillo y orégano (preferiblemente ambas cosas frescas)

Añadir las setas, nueces y sal. Y dejar a fuego muy bajo y si consideráis que está apagar el fuego y reservar.
La pasta:
Que nervioooos mi primerita vez!

En las instrucciones del chismin dice:
Corta una porción de la masa y aplastala con las manos un poco. Y pasala por el chisme en el 7 (la posición más abierta)
Doblar y volver a pasar.
Y luego pasar 2 veces más sin doblar.
Poner la chisma en la abertura 4 y pasar dos veces más.

Una vez pasada y repasada lo pones en el chismin de cortar y haces la pasta que dejas colgadina hasta que la pongas a hervir.

Hervir 4 o 5 minutos (según gusto)

Yyyy olvidé sacar foto. Pero cuando esté acabando de hervir el agua, poner nata en la mezcla de setas y cebolla.
Añadir la pasta. En la foto anterior y por si no lo hacéis, reservé una tácita de agua de cocer la pasta. Voy añadiendo a poquitínos para que mezcle bien con la salsa.
Parmesano y a comer!
Las lentejas, pequeñas pero poderosas, son uno de los alimentos más antiguos cultivados por el ser humano. Más allá de su clásica preparación en guiso, existe un fascinante universo de variedades, cada una con su personalidad única en sabor, textura y usos culinarios. Conocer sus diferencias es la clave para transformar cualquier plato.
En resumen, las lentejas son un tesoro culinario. Desde la humilde y robusta Pardina hasta la exótica y cremosa Roja, elegir el tipo correcto abre un abanico de posibilidades que va mucho más allá del plato de cuchara tradicional. ¡Explora, experimenta y descubre tu favorita!

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