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En 1954, el cómic cambió para siempre con un código que prohibía los vampiros. En 1971, Marvel puso a prueba esa censura con Morbius
La floreciente industria del cómic estadounidense se metió hace ochenta años en el ojo del huracán. Asociaciones de padres, agrupaciones cristianas y diversos grupos de presión empezaron a ver una relación entre la publicación de los cómics y un presunto despunte de la delincuencia juvenil. Lo que empezaron a ser cuatro voces discordantes se amplificaron en poco menos de un lustro en toda una alarma social que puso a los editores de cómics contra la pared con comparecencias ante el congreso de Estados Unidos incluidas.
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