Lo que antes solo revelaban los denunciantes, los periodistas de investigación, los activistas y los medios disidentes, ahora lo muestra el propio imperio. Antes era difícil hacer ver a los occidentales la depravación del imperio estadounidense. Ahora está ahí, ante los ojos de todos, con imágenes crudas de genocidio y un belicismo increíblemente perverso con consecuencias económicas directas.