España era fea cuando veíamos Miami Vice, aquí Corrupción en Miami. Aquello era una ventana a otro planeta. Por mucho que tuviéramos zonas playeras glamurosas en la costa y sobre todo en las islas, lo que se veía en la serie era otro nivel. Las pegatinas que venían en los chicles las guardábamos como obras de arte, aunque siempre había alguien que llegaba, como cuando escuchabas Modern Talking, a advertirte con la sensación de que eras cándido y no te habías dado cuenta de «que esos son maricones». En realidad, eran un milagro.