Existe una contradicción profundamente arraigada en las sociedades contemporáneas: trabajadores asalariados, incluso cualificados y con ingresos medios o relativamente elevados, que se identifican ideológicamente con postulados económicos que objetivamente perjudican sus propios intereses. Esta disonancia cognitiva, lejos de ser anecdótica, constituye uno de los pilares sobre los que se sostiene la hegemonía del pensamiento económico neoliberal.